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¿”FELICES” 40, OR WHAT?

Por FABIOLA GALLARDO VELO / Twitter @fabygallardo / Instagram @fabygallardovelo

Y hasta que llegaron los 40. Ese número que retumba en la cabeza de cientos de mujeres, en especial de aquellas para las que los cambios de folio son fatales, como para mí, por ejemplo.

¡Pero qué tanto! ¿Qué tan malo puede ser?, me cuestiono. ¿Qué tan terrible puede ser cumplir 40 años? Sí, ¡40 años! Cuaaaaaarentaaaa años… (igual debo admitir que al escucharlo, suena fuerte; es como pasar al siguiente nivel del juego, con full adrenalina, ¡pero con menos vidas disponibles!)

Pero analicemos. Los 40 traen consigo múltiples cambios; cambios que si bien pueden no ser tan notorios a simple vista, internamente te aniquilan la moral de un paraguazo.

A los 40 ya no eres tan “pendex”; no es lo mismo decir “treinta y siempre” que “cuarrrrr….”. Definitivamente amiga, debes asumirlo, dejas de ser una “adulta joven”, para convertirte en una “señora”, y no precisamente la de las cuatro décadas de Arjona…  pues a diferencia de ella, tu sí te sientes ¡vieja! Y además, el mundo que te rodea te lo hace sentir (¿cómo no hay más Arjonitas sueltos por ahí?, me pregunto yo).

A los 40, hasta la maternidad es distinta. Los médicos te “viejean” (no sé si existe la palabra, pero que es la ideal, no hay duda, puesto que así te hacen sentir). Los doctores ya no te dicen: “¡Qué maravilloso que estás embarazada!” ¡Ni lo sueñes! Lo único que vas a escuchar de sus eruditas bocas es: “A TU edad las probabilidades de tal o cual complicación, bla bla bla”. Y recalcan “TU EDAD”, como si no lo supieras. ¡Hey, me sé mi fecha de nacimiento de memoria! Entonces, ¿cuál es su afán? ¡Hacerte sentir como las pelotas! Una vieja que pretende ser joven, como las que se visten con la ropa de su hija teen porque se juran “lolas” aún, o las que andan por la vida desfilando a su toy-boy…  (¿y eso qué tiene de malo?, me vuelvo a preguntar; yo hasta le encuentro varias ventajillas que ahora no vienen al caso).

Volvamos al punto. A los 40 ya eres cliente frecuente del cirujano plástico si te da la billetera, del dermatólogo, o de la farmacia de la esquina donde venden todo tipo de cremas, ya que la piel definitivamente no es la misma. Toxina botulínica, ácido hialurónico, cremitas “antiage”, máscaras faciales, vitaminas, colágeno y cuanta cosa te puedes hacer para que no se te note el paso de los años. ¿Ya les dije que eran 40? ¡¡¡Valor!!!

A los 40 te empieza a dar cargo de conciencia si no vas al gimnasio. Tu cuerpo necesita, es más, te pide a gritos que seas “fit” (ahora que está tan de moda ese término que nació solo para torturar a las que cambiamos de folio… ¡y por cuarta vez!, en nuestro caso). Tu cuerpo te exige que estés un poquito más marcada (en alguna parte que no sea solo la de las pata de gallo, eso sí);  más apretadita, aunque sea más “digna” para andar por la vida… (y agradece que sea tu cuerpo el que lo pide, y no tu marido, pareja, pololo o amiga, porque eso es la peor humillación que puedes vivir). Por eso, te haces la idea (la fatal idea), y vas sagradamente a entrenar para complicarle un poquito la existencia a la ley de gravedad, y que le cueste más hacer su pega. Si algo se nos va a caer… ¡que no sea tan rápido, o fácil, digo yo!

Y así como la parte física, a los 40, tu espíritu también se va en picada. La vida como que pasa más rápido que antes. Tienes padres y tíos que ya son de “la tercera edad”, tus hijos rondando los quince… y así suma y sigue. Todo alrededor tuyo avanza a pasos agigantados y un día te encuentras repitiendo la frase que alguna vez escuchaste decir a tu mamá, “yo a tu edad”; ó “cuando era joven”… ¡si hace unos meses solo decías “de chica”!

Y es que es verdad, lo quieras o no. La energía ya no es la misma. Hoy todo cuesta más. Por ejemplo, yo antes trasnochaba y al otro día con un café o una energética estaba lista, ¡hoy definitivamente no! Ahora me toma más tiempo recuperarme -incluso un par de días si el carrete fue un poco más intenso-. ¡Y ni hablar de resacas! Pareciera que te hubieras muerto. Entonces buscas hacerle el quite a esos panoramas. Hoy valoras más una buena serie en Netflix, unos ricos chocolates en la cama con tu amor, antes que una discoteque vibrante (aunque yo las añoro, debo reconocerlo).

Y si hablamos de lo que se valora, ¡uf!, en esto te vuelves mucho más sensible a los 40. Por ejemplo, el tema de los amigos. ¿Te has dado cuenta que son cada vez menos? Y eso es porque hoy solo quieres a tu lado a los verdaderos amigos, esos incondicionales que estuvieron y estarán siempre, en las buenas y en las malas. Y es que cuando cumples 40 años, te replanteas tantas cosas y te das cuenta que debes disfrutar cada minuto con quién realmente vale la pena, porque cada segundo se va, y ya no regresa.

Quieres pasar tiempo con tus padres y suegros (aunque no lo creas), porque notas que a ellos también ya les queda menos, incluso menos que a ti, y quieres disfrutarlos, detener los relojes, para que ojalá nunca se vayan de tu lado. Le dedicas también más tiempo a tus hijos, porque notas cuánto han crecido y que en cualquier momento se irán para comenzar su propio rumbo y el nido quedará vacío. Y aunque sabes que es la ley de la vida, no quieres que sigan creciendo, que se queden así… y por sobre todo, protegidos bajo tus alas.

A los 40 también se te desprograma “el filtro” que traes de fábrica, ese límite que te impide decir o hacer ciertas cosas. Cuando pasas las cuatro décadas, aplicas la filosofía de Maluma “no me importa un carajo”. ¿Lo que opine la gente?, ¡qué más da! Ya no te afecta, no te duele; ahora vives a tu manera, buena o mala, pero a tu manera. Y dices lo que tienes que decir a quién quieres y cómo quieres, porque a esta edad, ya has perdido la vergüenza; has hecho el ridículo tantas veces que una más, ya no cuenta.

Definitivamente amigas, los 40 nos transforman. O quizás ya nos hemos ido transformando con el tiempo, preparándonos para cruzar esa meta. El tema es cruzarla con la frente en alto, y no llegar con la crisis, la histeriqueada o la moral por el suelo de tantas pares… porque aunque cueste chicas, nunca lo olviden, “dignas y figuras, hasta la sepultura”.

La vida es maravillosa, y en especial la nuestra. Y estamos a punto de comenzar la mejor etapa. No por nada dicen que los que los 40 son los nuevos 30. Así es que, ¡¡¡bienvenidos 40!!! Aquí estoy yo para recibirlos con los brazos abiertos. Es cuestión de actitud, y yo, sí me creo la señora de las cuatro décadas de Arjona, esa amalgama perfecta entre experiencia y juventud. ¡Toma cachito de goma! Lo dije, ¿¡y qué!?

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