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¿MIS MASCOTAS COMO HIJOS?

Por ANA GABRIELA ROJAS / @AnaGabrielaRoj8

Muchas personas no solo visten y compran alimentos especiales para sus mascotas, sino que además los cuidan como lo harían con hijos propios. Y si bien es cierto, que es muy importante el respeto y atención por todas las vidas existentes en nuestro planeta, el “exceso de amor”, en donde se llega a humanizar a los animales, podría traspasar los límites de lo adecuado y necesario, tanto para la mascota como para sus dueños.

No es extraño ver hoy en día, mascotas formando parte importante dentro de la familia. Y es que hay veces que es tanto el afecto que se tiene por ellas, que perros, gatos y hasta animales exóticos, como erizos de tierra y hurones muy cuidados y mimados, pasan a ser considerados como verdaderos hijos. “Humanizarlos no es bueno. Un ser humano es distinto a los perros y a los gatos. Por eso antes de tener una mascota hay que informarse: qué es lo que realmente se está buscando”, explica Carmen Luz Barrios, coordinadora del diplomado en etología clínica y bienestar animal de la U. Mayor.

“El exceso de cariño se ha transformado en maltrato animal”, explica César Millán, el “encantador de perros”. Este tipo de trato humanizado hacia los animales no solo no considera las necesidades propias del animal, sino que hace que ellos sienten incompletos pues tienen otro tipo de exigencias tanto físicas como psicológicas.

¿Necesidad de dar amor? 

No podemos desconocer esta creciente tendencia a cuidar con premura a las mascotas, y es que asociado a ello, según los entendidos, nos encontramos con personas que tienen gran necesidad de cuidar a un otro y de manifestar amor. “Parecería haber una necesidad de darle a las mascotas un lugar más importante aún, del que tienen. Una necesidad que tendrá sus motivos según el caso, pero que más allá de la particularidad, puede tener que ver con una mayor expresión de afecto”, detalla Sebastián Girona, psicólogo clínico.

Mantener los límites

De acuerdo a diversos especialistas, lo primero es reconocer que estamos frente un miembro no humano de nuestra familia, y que si bien no está mal, tratarlo de “hijo”, no hay que darle el lugar simbólico y afectivo que se la da a un hijo humano. Es esencial tener patente la diferencia.

Efectivamente perros, gatos y otras mascotas merecen, al igual que todos, un trato ético básico que incluye cuidado, dignidad, respeto y amor. Pero es importante considerar las necesidades particulares de la especie. Si se los trata como niños, esto podría llegar a convertirse también en una forma de maltrato.

Preguntarse, por ejemplo para qué celebro el cumpleaños de mi mascota, por qué lo disfrazo, o si lo necesita, es fundamental. Claro, la idea no es dejar de celebrar, sino tomar conciencia de a quién pertenecen realmente estas necesidades y el por qué.

La idea es entonces promover y procurar el cuidado, amor y respeto por las mascotas como miembros importantes de la familia, pero sin dejar de valorar su existencia y las características propias de su especie.

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