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MUCHAS PODRÁN SER MADRES…¡PERO NO TODAS MERECEN SER LLAMADAS “MAMÁ”!

Por FABIOLA GALLARDO VELO / Twitter @fabygallardo / Instagram @fabygallardovelo

Este último tiempo he sido testigo de historias increíblemente tristes, desesperantes que suceden en nuestra sociedad; niños pequeños violados, abusados, agredidos de forma brutal, hasta ¡asesinados! ¿¡Cómo es posible que sigan ocurriendo casos tan humanamente atroces como el de las pequeñas Ambar y Sophia… y tantos más!?¿¡Cómo cresta pasan este tipo de cosas?! ¿¡Cómo tanta maldad!??

Nos hemos vuelto fríos, indiferentes, lejanos, distantes. ¿Qué nos está pasando? Me da tanta impotencia, tanta rabia, desconsuelo. El mundo está loco, y lo peor de todo, es que en este mundo desorientado, es donde crecerán mis hijos, tus hijos, nuestros nietos. Esos que muchas criamos, educamos, aprendiendo cada día, con errores y aciertos, pero siempre honrando la palabra “madre”.
¿¡Y por qué otras no!? ¿Por qué otras se vuelven realmente monstruos? Esto no tiene que ver con recursos, con clases sociales, con educación, con edad. Se trata de supervivencia, de amar, de cuidar, de proteger. Y debería ser algo innato. Al menos para mí lo fue, incluso siendo madre muy joven, y sin saber nada de la vida… mi instinto de protección nació junto con mis hijos. Por eso detesto a quienes ocupan esa palabra maravillosa y la destrozan, la hacen añicos, destruyendo la vida de sus hijos, sangre de su propia sangre.

No entiendo, no me explico cómo hay mujeres capaces de abandonar a sus hijos, dejándolos en las manos equivocadas, pervertidas, de alguna desgracia inhumana. ¿¡Qué culpa tienen esos pequeños!? Me rompe el alma ver que la vida a veces es tan injusta. Esas mujeres no deberían tener el derecho, o la posibilidad si quiera de concebir y entregarles este horroroso destino a estas almas inocentes. No existe nada más cruel en la naturaleza que un ser humano deshumanizado. ¡Y los detesto! Aborrezco absolutamente todos los abusos, y por sobre todo, si es en contra de menores, niños, seres inocentes, nobles.

Creo firme y tajantemente que los culpables deben ser enjuiciados y obtener la pena máxima en esta vida, pues no merecen nada más. Ya verá Dios cómo se encarga de estas almas vacías. Pero mientras tanto, le exijo a nuestra justicia, que por una vez, HAGA JUSTICIA. Aunque ésta no nos devuelva la sonrisa de estos niños. Pero al menos nos asegurará que otros se salven de este fatídico destino. ¡¡¡No sigamos permitiendo casos como los de estas pequeñas!!! ¿¡Qué es lo que tiene que pasar para que no volver a ser testigos de estos actos deplorables!?
¡¡¡Protejamos de verdad a nuestros niños!!! ¡Demando justicia! ¡Necesito paz!

Ser madre, entiendan, no es solo parir. Ser madre es amar, estar, contener, cuidar, ayudar, entregar, proteger, rogar y bregar por la vida. Hay mamás que luchan a diario por un día más de aliento junto a sus hijos, por darles una horas más de compañía; mujeres que atraviesan enfermedades terminales y que tiene que vivir, lo poco que les queda, sabiendo que no podrán verlos crecer, al menos no a su lado. Y eso las destroza incluso más que su enfermedad.
Hay otras tantas sufriendo por sus hijos enfermos; rezando día a día por encontrar alguna luz de esperanza para salvarlos de esa agonía.
Y hay súper mamás que han tenido que aprender a vivir la partida de un hijo, con el alma desgarrada, y el corazón en mil pedazos. ¡Qué no darían por un segundo más abrazando a su pequeño, sosteniéndole sus manitos! ¡Qué injusticia!, ¿verdad?

Por eso en este mes de la madre quiero entregar de alguna forma una luz de esperanza a todas aquellas mamás que luchan minuto a minuto por sus hijos. Mujeres, ¡sigan dando la pelea!, que si la vida no las retribuye acá abajo, tengan por seguro que arriba ganarán con honores lo que tanto merecen. Porque ser mamá es la mayor bendición que nos puede pasar. Sentir el cariño, el amor incondicional, de nuestros hijos, es lejos la mejor recompensa.

Feliz mes a todas las que sí son madres, las que honran con creces esa palabra divina; felicidades a todas esas guerreras incansables que luchamos a diario por hacer de nuestros hijos buenas personas, por tratar de darles día a día un hogar -quizás con escasos recursos y bienes materiales-, pero lleno de amor… porque finalmente los niños que tienen amor, son niños felices en su corazón.

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