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TODAS PODEMOS SER PRINCESAS

Por FABIOLA GALLARDO VELO / Twitter @fabygallardo / Instagram @fabygallardovelo

Meghan Markle le robo el corazón al príncipe Harry, hijo menor de la recordada Lady Di, y sexto en lugar de sucesión al trono; un “príncipe” real, y encima, uno de los más guapos que quedaba soltero. Y así fue como ella, de la noche a la mañana, pasó de ser una actriz más de Hollywood, a ser parte de la Monarquía Británica, convirtiéndose en la Duquesa de Sussex en un matrimonio que marcará un antes y un después en la Corona Británica, esta institución tan protocolar, con tantas reglas e imposiciones y que causaron más que una desdicha en la vida de sus integrantes. No obstante, hoy quedó demostrado que tiene nuevos aires.

El matrimonio de la plebeya norteamericana Meghan, con el hijo de la recordada princesa del pueblo, fue una nueva demostración al mundo de que las tradiciones de la monarquía van cediendo terreno. Una ceremonia plasmada de hitos que marcaron la diferencia y abrieron paso a la modernidad.

Harry y Meghan conforman la primera pareja interracial de la Monarquía Británica. Y su matrimonio quedó plasmado de esta característica partiendo por la música que ocuparon: música con raíces negras (¿cuándo se había visto algo así?). El coro góspel interpretando Stand by me, que logró llenar todos los espacios y las expectativas, cumpliendo con el protocolo, pero emocionando a los asistentes y al mundo hasta la última fibra (o yo estaré muy sensible y lo encontré todo TAN LINDO que hasta lágrimas se me cayeron).

Además, se les permitió casarse en una ceremonia religiosa (antes no se podía si estabas divorciada), pero desde el año 2002 la Iglesia de Inglaterra decidió que quienes estén divorciados pueden casarse nuevamente en esa institución.

Y lo más heavy a mi parecer, la novia entrando sola a la Iglesia. Y no solo eso, sino que ella solita se agarró bien el vestido y caminó toda empoderada por la Capilla San Jorge del Palacio de Windsor, dejando bien claro con ese detalle, que ella es una mujer que se las trae, valiente, mujer con todas sus letras, lo que ratifica su rol de activista social por la igualdad de género.

Sí, Meghan Markle era una mujer común y silvestre, como tú o como yo (eso sí, dejemos de lado que es súper guapa, y famosa, y exitosa en la tierra del Tío Sam y around the world gracias a sus trabajos, entre los que se destaca su participación en la serie de abogados Suits en la cual interpreta el rol de una joven abogada, novia de uno de los protagonistas -se puede ver en Netflix-). No obstante, tenía una vida muy similar a la de cualquiera que podamos conocer. Divorciada, de madre afroamericana y padre blanco. ¿Se imaginan lo que pensaría Diana de Gales? Yo estoy segura que Lady Di debe estar bailando de alegría con los ángeles, ya que su hijo pequeño, igual de rebelde que su mamá, se casó con una mujer tan común y corriente como lo era ella. Y así, el nieto más desordenado de la Reina Isabel de Inglaterra, logró 20 años después, saltarse todos los protocolos que su mamá luchó tanto por relegar. Bien por “Megy”, bien por Harry, bien por Diana. ¡Bienvenida la modernidad a la Monarquía!

Entonces, si cosas que antes nos parecían imposibles, están sucediendo; si ella pudo, sin haber nacido en un “castillo”, entonces, cualquiera de nosotras puede llegar a ser una verdadera princesa, duquesa, consorte, o lo que sea, con tal de pertenecer a algún reinado. Lo que nos falta es solo un detallito, ¡encontrar al príncipe! Total, la monarquía ya está “domada”. ¿En qué topamos?

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