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“YO NO QUERÍA MENTIR, ME HICISTE UN MENTIROSO”… ¿¿¿AH??? ¡¿¡¿¡PERDÓOOOOOOOOON!?!?!

Por ANA SOL ROMERO / @AnaSolRomero

Estaba con unas amigas hace unos días y muchas reclamaban lo mismo: la facilidad de los hombres para mentir y hacernos creer que nosotras somos las culpables. ¡¡¡Valor!!! “Yo no quería mentir lo que pasa es que tú…”; “Cada vez que trato de decir la verdad, tú… bla bla bla….” Que cuando están en pareja se sienten presionados, que no los dejan hacer nada, que las mujeres brujean… que, que, que…

“A veeeerrrr, perdóoooon”, diría un gran “filósofo” trasandino. Si necesitan mentir es porque no andan en cosas buenas. Si requieren omitir es porque están haciendo algo que saben que nos va a molestar. Y parte de ser pareja es tratar de agradar al otro, no pasarlo a llevar, humillarlo ni agredirlo. Y mintiendo, se agrede, se siembra desconfianza, y ésta, como la hierba mala, empieza a esparcirse, a echar raíces que crecen tan profundo que es imposible que no dejen una herida.

¿Para qué entonces? Y ahí viene la sarta de tonteras que se les ocurren: que una relación los asfixia, que les corta las alas, que los restringe. Porque los hombres son así. Cuentan por aquí y por allá lo presionados que se sienten, que el matrimonio o la vida en pareja los limita, que no saben ya qué hacer. Y es impresionante como este discurso se potencia después de los 40, como si cuando pasaran las cuatro décadas renacieran… ¡y se creen pendejos de nuevo! ¡¡¡Oigan!!! ¡No tienen ni el cuerpo de uno de veinte!

Yo conozco a algunos que son increíbles (y no en el sentido positivo de la palabra). A sus 40 y tanto se mandan cada pastelazo como si fueran adolescentes, incluso más metidas de patas que en su juventud. Y creen que la hacen de oro… ¿Y saben qué? ¡Dan vergüenza!, y lo único que consiguen (porque después vuelven como perros arrepentidos con la cola entre las patas), es ir desgastando día a día una relación.

¿De qué están hablando entonces? Si son tan felices solos, ¿por qué no están simplemente SOLOS? ¿Acaso los tienen amarrados, atados, obligados a esta vida de “sumisión detestable”? ¡No jodan!

Y ahí están, ahí siguen en pareja. Y no es por los hijos, o porque es muy caro separarse, o por tantas otras idioteces más que suelen decir para justificar esa “condena” que viven a diario. ¡No chicas! Es porque esa vida, de la que tanto reclaman, sí les acomoda, sí les gusta. Incluso, aunque no lo reconozcan abiertamente, los hace felices. Es maravillosa la estabilidad emocional, llegar a casa y tener con quien compartir lo que te pasó en el día, los dramas del trabajo, los proyectos, o las cosas más simples como una cena en familia, un “buenas noches”; es lo mejor tener con quien compartir una película, a quien abrazar cuando se apaga la luz. Y no estamos hablando de un room mate, ni de un amigo o hermano, sino de una mujer que te complemente, a quien -a pesar de todas tus quejas infundadas-, escuchas porque confías en ella, en sus opiniones, en su guía, y por sobre todo, en su tolerancia y paciencia, porque eso sí que tenemos las mujeres para bancarnos todo esto, tolerancia y paciencia por kilos.

El tema es que las mujeres cuando tomamos una decisión (después de aguantar y aguantar… porque ¡vaya que lo hacemos!), la decisión es definitiva. Y ahí están, perdón tras perdón, ignorando que finalmente algo ya se apagó, algo se murió a través de las mentiras, los engaños, las protestas. Y cuando esa mujer se mira finalmente al espejo, cuando descubre que su autoestima y dignidad están por el suelo, cuando finalmente se atreve a decir ¡no más!… es cuando ya no hay vuelta atrás.

Chicas, no aguanten tanto, no soporten hasta martirizarse. En este mundo siempre habrá un hombre dispuesto a amarlas como se merecen.

Y a ustedes pasteles… cuidado que puede venir un sapo verde en busca de una princesa, y como sus mujeres realmente lo son, las van a enamorar. ¿Piensan que ellas perderán algo? ¡No, qué va! Ellas mirarán al costado, los encontrarán a ustedes, y se darán cuenta que es tiempo de continuar, pero por otro camino. Bueno, ¡ahí tienen su tan anhelada libertad! Díganme qué van a hacer con ella ahora, mientras otro se lleva lo mejor de sus vidas… una mujer que vale oro, siempre dispuesta a todo por un poco de respecto y por amor.

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